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Hablamos con Adrián Escudero, autor de “Global running. Crónicas de un ecólogo corredor”.

Nuestras montañas, nuestros bosques, están muy enfermos y no nos resulta fácil ver.

Adrián Escudero nos propone correr con otra mirada, más allá del placer o el reto deportivo, correr comprendiendo los territorios por los que se dibujan los paisajes.

«La percepción, a veces, no refleja lo que pasa ahí abajo y las enfermedades que esconde el paisaje». ¿A qué te refieres? 
Deberíamos de poder pasar a menudo por un mismo sitio para ser conscientes de los cambios. Lo que vemos no es una foto estática: los glaciares se van, la vegetación de alta montaña se matorraliza, los prados de siega desaparecen. Los cambios son brutales. Los cambios hablan de procesos de degradación y pérdida de diversidad. Lo que vemos parece sano, pero, en realidad, está profundamente dañado. Nuestras montañas, nuestros bosques, están muy enfermos y no nos resulta fácil ver.

Una urgencia por contar lo que tenemos ahí al lado antes de que sea muy tarde… ¿Crees que estamos a tiempo? 
Necesito ser optimista. Escribo para que seamos conscientes de lo que está en juego. Necesitamos entender que conocer y percibir el cambio es clave para afrontar la urgencia ambiental. Estamos a tiempo, sí, lo creo.

Sueñas con montañas y ecosistemas sanos? 
Sí, creo que soñar es lo que nos hace humanos. Para mí, imaginar montañas sanas es algo indisoluble al hecho de amarlas y desear recorrerlas.

Hay un cambio que vemos y otro más sutil que, si no nos lo cuentas tú, quizá ni lo percibimos, ¿era ese uno de los objetivos de “Global running”? 
Sí. Quiero que la gente y los amantes de las montañas sean conscientes de que más allá de que los paisajes que recorremos siguen siendo fantásticos, las montañas están enfermas y su futuro y el nuestro está en juego. Las evidencias son numerosas y solo hacen falta algunas directrices para verlas.

¿Qué es lo que te gustaría que aportara Global running al mundo de las carreras por montaña?
Me gustaría que tras la lectura los corredores y corredoras fueran algo más conscientes de la urgencia ambiental que tenemos delante. Sé que aman las montañas, pero quizás no son tan conscientes de la gravedad. Si el libro sirve para eso, genial.

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