Noelia abre su «ventana», con una historia que puede leerse como continuación de su anterior novela o como una obra aislada… Aunque, como ella misma afirma, todo en el bosque está en interrelación. Un texto que retoma aquel universo literario de subsistir en la naturaleza salvaje, y sigue ampliándolo con nuevos matices y personajes.
.- La pregunta del millón ¿se puede leer El bosque en mí sin haberse acercado a Una ventana al bosque?
Sí, no hay duda. El relato se sostiene por sí mismo y les diría tanto a los que no han leído Una ventana al bosque, como a los que la han leído hace ya tiempo que, al comienzo hay una especie de resumen que pone en situación a unos y refresca la memoria a otros.
.- ¿Cómo surgió la idea de seguir ampliando esa ventana?
Cuando escribí Una ventana al bosque y lo presenté al Premio Desnivel, lo hice como quien juega ocasionalmente un boleto de lotería (sin convocarme muy emocionalmente a un resultado ganador). Mientras formaba parte del certamen, me venían más ideas y pensaba: bien, cuando esté fuera del certamen me pondré de nuevo con el manuscrito porque quiero añadir cosas. Pero ganó, así que se quedó cómo estaba. El bosque en mí dio salida a las cosas que se me habían quedado en el tintero y a muchas más que llegaron con el desarrollo de la historia.
.- Desde que escribiste Una ventana al bosque, te han pasado un montón de bellas historias en relación con el libro y también con la cabaña física… ¿eso te animó a seguir tirando del hilo?
La verdad es que no puedo concretar de dónde nace mi impulso de escribir. Cuando llega es algo que me arrasa, algo que tengo que soltar. Mi mente no lo analiza, solo me siento y lo dejo salir. Pero por supuesto, haber recibido el calor de las personas y el hecho de que la cabaña haya ido tomando nuevas dimensiones, ha sido importante para plantearme el volver a entregarme a la posibilidad de lo que supone escribir y publicar un libro: abrir un espacio de mi intimidad y compartirme.
.- ¿Qué aporta o cómo complementa una historia a la otra?
Te puedo decir quizás lo que me ha dicho una de las personas que ha leído el libro buscando las eternas erratas. En El bosque en mí, termino de desnudarme, de abrir puertas que con Una ventana al bosque había dejado cerradas, tanto de mi experiencia como monitora forestal, como a niveles más emocionales e incluso espirituales. Me he vaciado y creo que ahora la historia se ha completado en el sentido más amplio.
.- «Siempre trato de observar el bosque en sus reacciones para aprender sobre él y sobre mí a través de sus procesos, como si él fuera un espejo». ¿Dirías que este libro habla sobre todo del bosque y la naturaleza como espejo, maestra y aliada?
Sin duda el bosque es un protagonista esencial del libro. No es un escenario donde transcurre una historia, sino que se puede oler y escuchar, se pueden percibir sus constantes manifestaciones. Al final de eso trata la literatura de naturaleza, de crear o escribir una historia que no podría pasar en otro lugar. En mis libros el bosque es un ser en el que poder contemplarse, un personaje a través del que los demás giran. Un maestro, un aliado siempre es «alguien» y no un «algo», lleno de vida.
.- Reconocer la naturaleza que hay en nosotros mismos es algo muy inspirador que se encuentra entre tus páginas…
Han tratado de hacernos creer que no formamos parte de la naturaleza, pero solo es eso: una creencia. Somos naturaleza porque formamos parte de este grandioso planeta. Andamos un poco desorientados, es verdad, y no es fortuito. Nuestra desconexión es la mejor forma de controlarnos y manipularnos. Pero nuestra memoria está despertando y con ella el control de nuestro destino.
.- El agradecimiento, la colaboración, la sostenibilidad, el crecimiento me da la sensación de que son algunos de los pilares de esta historia.
Son algunas de las lecciones que la protagonista rescata del bosque y de la comunidad en la que se va integrando. Cuando das permiso a la naturaleza, ella te abre posibilidades nuevas, te saca de estados errados, te amplia la mirada, los puntos de vista.
.- Siguen presentes los entrañables personajes de Una ventana al bosque, pero ahora se acompañan de personajes nuevos ¿La comunidad en un sentido muy amplio también es un tema principal?
Nuestro mismo cuerpo es una comunidad bien avenida, aunque a veces la boicoteemos y la enfermedad se haga presente. Entonces sí, es un recordatorio sobre que la autosuficiencia no existe en la mirada profunda. Nos necesitamos unos a otros en este planeta. Las cooperaciones están por todas partes y nos sorprendería cómo en la naturaleza, a veces, aquello que a simple vista parece un enfrentamiento, esconde una colaboración. Solo que los tiempos que maneja la naturaleza, no son los nuestros. Hay que abrir la mirada.
.- Hablas de diferentes proyectos o lugares que te inspiran como la ecoaldea Findhorn, ¿dirías que este libro profundiza en la posibilidad de un lugar utópico de sostén, sostenibilidad y crecimiento?
Estamos tan desbordados de distopía que nuestra mirada se nubla. Pero la posibilidad de la utopía existe sin idealización, con hechos ¿Cómo se camina hacia ella? Dejando de poner la mirada y el foco en el otro. Mirando hacia dentro de uno mismo y poniéndose a trabajar desde ahí, desde nuestros propios errores. Si no reconocemos quienes somos, sin excusas ni justificaciones, la utopía se desvanece. Es un trabajo diario, duro, doloroso por momentos. Pero hay que hacerlo. El libro profundiza en ello porque sí, es posible. Hay muchos humanos haciendo su trabajo, aunque no hagan ruido.
.- «¿Quién era yo para hablar de amor si no había aprendido a dejar partir?» … esta pregunta, que se hace la protagonista, me conmovió mucho…
Ese es el gran reto humano, aceptar la impermanencia, la de los otros y la nuestra propia. No basta con saber que un día el cuerpo dejará de existir, que nos iremos. Si separamos lo trascendente de la vida de lo intranscendente, nunca conseguiremos vivir con calma, sin dramatismo ni emocionalidad desbordada esos eventos. La ciencia mecanicista nos ha tratado de arrancar lo intrascendente, pero los tiempos cambian y la ciencia que no es dogmática comienza a abrirse a nuevos paradigmas. Ojalá podamos trocar el poseer, el tener, el querer, … por el ser, y así el duelo sea una etapa transitoria y necesaria para comprendernos y no para instalarnos en ella.
.- ¿Vivir para no solo sobrevivir… a qué te refieres?
Vivir plenamente ocurre cuando el espíritu se expande a través del cuerpo. Sobrevivir es olvidar lo esencial y vivir solo para mantenerse a salvo. Si permanecemos ahí, dejamos de crecer y de ser conscientes. La vida completa une lo físico y lo espiritual, e incluye también la contemplación y la quietud. Sin esa pausa que nos permite mirar, sentir y respirar el mundo, la vida se reduce al esfuerzo, y el alma no encuentra espacio para desplegar su presencia.
.- ¿La niña que fuiste, a quien le dedicas este libro, estaría feliz leyendo estas páginas? ¿Se habría hecho un hueco entre tanto árbol y bichejo?
La niña que fui era silenciosa, observadora, solitaria ¡Tan dulce! Ella que pasó su infancia amando a los árboles y a los animales como aman los niños (sin filtros ni objetivos) amaría cada página de mis (sus) libros. Ella es quien me impulsa a escribir y a seguir rescatando la parte más auténtica

