
Última actualización: 10/09/2010
Saltar al contenidoUsted se encuentra en: Inicio / Novedades / Novedades del año / Marzo / Fallo del XI Premio Desnivel de Literatura de Montaña, aventura y viajes
¿Qué dirías si te hablan de una escalada en Marte? ¿Qué pensarías de un mundo donde
el hombre ha colonizado el espacio? ¿Qué sentirías si te aseguran que la última frontera está aún muy lejos de aquello que conoces e imaginas?
Pues habrá alguno que contestará, como empezó pensando Edu Sallent, uno de los miembros del jurado «a mí personalmente no me gustan las novelas futuristas», para acabar diciendo, tras leer el manuscrito, que la inmensa y rica cantidad de información lo convierte en creíble aún siendo un relato de ciencia ficción. Que tiene un buen argumento, con una historia compleja. Que cuenta con un vocabulario, estilo y diálogos muy buenos. Que no sólo es muy completa en alpinismo sino también en vida; relaciones entre los personajes, ciencia, literatura… Además de las pinceladas de sensibilidad y una gran dosis de calidad humana. Una buena novela.
Estamos hablando de OM, ellibro ganador por unanimidad de estaúltima entrega del Premio Desnivel de literatura. Araceli también tenía claro que era la novela que se merecía el galardón ya que cuando leyó las primeras páginas pensó «Qué original ¡por fin algo diferente de verdad!».
Todos estábamos de acuerdo en que se merecía el premio, no sólo porque nos atrapó desde la primera página sino porque te mete en un mundo diferente y misterioso, que a la vez te resulta conocido y familiar.
Al salir de la reunión del jurado llamé al padre de la criatura.
–¿Felipe? Soy Pati Blasco de la editorial Desnivel, llamo para decirte que tu novela ha ganado el premio de literatura.
–¿Felipe?
–…No me digas ¿de verdad?, qué ilusión, no me lo esperaba.
Tiene cuarenta y un años, vive en Madrid, es ingeniero, trabaja de profesor de matemáticas y le gusta mucho el monte. Este gran libro es su primera novela y le ha costado dos años de trabajo. Pronto le entrevistaremos y nos confesará los pormenores de la creación. Ahora mejor hablamos del verdadero protagonista de todo esto, el manuscrito ganador.
A mí tampoco me gustan demasiado las novelas futuristas, tiendo a saltarme lo que no comprendo y suelo perderme entre coordenadas y distancias infinitas, pero es que OM es algo diferente, como una cebolla de mil capas a la que puedes ir deshojando poco a poco. Te cuenta una historia en el año 2160. Narra una expedición al monte (volcán) Olympus en Marte, la mayor montaña conocida en el sistema solar –para que nos entendamos algo así como tres veces el Everest–. Si todo esto te interesa la novela te gustará el doble pero si no puede convertirse en un mero escenario para el resto de las capas. Una historia de personajes, con sus intrigas, sus amoríos, sus diferencias, sus filosofías y, ante todo una historia de montaña y aventuras.
Pronto os contaremos más, de momento, para ir abriendo boca, aquí va una de las primeras páginas: disfrutadla como lo hemos hecho los miembros del jurado.
Los antiguos egipcios lo llamaron Her Descher, El Rojo. La cultura griega lo identificó con Ares, dios de la guerra, por su tonalidad rojiza que recordaba la sangre y la violencia. Precisamente era uno de esos días en que el apelativo quedaba perfectamente justificado. A medio camino de la cumbre se movían con rapidez nubes blancas de dióxido de carbono y agua; y otras amarillas, las más amenazadoras, compuestas de partículas microscópicas de polvo con la consistencia del humo, que no respetaban ni las junturas de los trajes de expedición más avanzados. Las rachas de viento alcanzaban los ciento veinte kilómetros por hora, esmerilando la ladera basáltica desde la cual era imposible vislumbrar la cumbre o la base de la descomunal montaña, cuya masa en la gravedad terrestre se habría hundido profundamente en la corteza.
Cuatro expedicionarios, con trajes autónomos, marchaban encordados, envueltos en la luz malva salmón del crepúsculo marciano. La figura en cabeza, en apariencia la menos corpulenta, tecleaba frenéticamente con su mano derecha sobre su antebrazo izquierdo. En el visor de su casco se proyectaban coordenadas, datums y cifras de almanaques que no acababan nunca de cuadrar. El sol era un punto difuso velado por volutas de polvo rojizo, su halo auguraba una noche fría, posiblemente por debajo de los ochenta grados bajo cero. La tercera persona llevaba la mano derecha apoyada sobre la cadera, en gesto de dolor. Uno de los montañeros contactó mediante la frecuencia privada con el jefe de expedición.
–Fred, estamos a punto de rebasar el punto de no retorno, deberíamos parar y recapacitar.
–¿Qué propones? ¿Dar la vuelta?
–Es una opción a valorar, la visibilidad está empeorando, hace frío y mañana habrá niebla. Si no solucionamos los problemas de orientación va a ser difícil encontrar el tercer depósito.
–Para encontrar el segundo vamos a tener los mismos problemas.
–Y una vez que lleguemos ¿qué? No sabemos qué ha pasado en el campo base.
Fred apretó las mandíbulas con rabia e impotencia y los pelos rubios e hirsutos del bigote se le clavaron en el labio inferior.
–Ha sido culpa mía, como la última vez.
–Eso no es verdad.
–He decidido separarme del grupo. Vosotros podéis hacer cumbre o quedaros, yo voy a Pangboche.
–¡Estás loco! No sabemos si siguen con vida. Aunque llegues a sus depósitos te estarías metiendo en la boca del lobo.
–Si voy a morir necesito respuestas.